1.- Te parece mal pedir dinero a cambio de tu ayuda.
La inercia de los clientes de cuota es pedirte ayuda para temas que, claramente, no está incluido.
Pero no se lo dices. De algún modo, sientes que la relación podría perder autenticidad.
2.- Síndrome del impostor.
Sientes que no sabes lo suficiente, que eres un despacho “pequeño”, que no estás suficientemente preparado….
Así que has hecho algunos servicios por los que ni siquiera has cobrado. Te mientes diciéndote que la próxima vez no lo harás…
3.- Cultura cero empresarial.
La cultura del todo gratis alienta comportamientos insolentes que menosprecian el valor de tus servicios y una trayectoria profesional.
Vivimos en un país con tan poca cultura emprendedora y empresarial, que todo lo que tiene que ver con hacer empresa es perverso y malintencionado.
Acabas con un sentimiento de rabia porque tu esfuerzo no se ve recompensado.
No caigas en la trampa. Si quieres obtener una mejor recompensa por tu trabajo, cobrar lo que es justo por el asesoramiento honesto debe ser lo normal.
Además, el dinero es una señal de compromiso.
El que quiere resolver su problema, está dispuesto a pagar. El que no, no.
Así de sencillo.
Afronta tus creencias.
No dejes que te alejen de conseguir lo que quieres.
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